Ximena Behoteguy / Presidenta Ejecutiva de la ONG FIE
Hoy, los derechos de las mujeres en Bolivia están siendo más reconocidos, pero aún no contamos con una protección real y efectiva. La cantidad de feminicidios en el país sigue siendo alarmante, lo que demuestra que todavía existen profundas brechas estructurales que debemos enfrentar.
Desde la ONG FIE, trabajamos para brindar herramientas que fortalezcan la autonomía económica de las mujeres, convencidas y convencidos de que la independencia financiera es clave para romper ciclos de violencia y vulneración de derechos.
El empoderamiento económico de las mujeres es, además, una condición esencial para alcanzar la igualdad de género y construir un desarrollo inclusivo y sostenible. Tal como lo plantea la Agenda 2030, invertir en las mujeres no solo transforma vidas individuales, sino que impulsa el bienestar de las familias, las comunidades y el país en su conjunto.
En cuanto a las y los jóvenes, vemos con esperanza su creciente protagonismo social. Sin embargo, también enfrentan desafíos significativos: la persistencia de estereotipos, la desigualdad de oportunidades y la reproducción de un sistema patriarcal que muchas veces limita sus aspiraciones.
Por eso, desde la ONG FIE promovemos espacios que fortalezcan su liderazgo, su capacidad crítica y su compromiso con la construcción de una sociedad más justa e igualitaria.
Finalmente, no podemos hablar de derechos sin reconocer la importancia de la diversidad. Como institución y como personas, debemos garantizar el respeto y la inclusión de todas las identidades de género.
La protección de los derechos de las poblaciones LGBTIQ+ y de todos los grupos históricamente vulnerados es un principio que debe guiar la acción pública y privada.
Creemos firmemente que con derechos se vive mejor, y por ello trabajamos cada día para que esos derechos sean una realidad para todas y todos.
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Gonzalo Orihuela / Presidente del Comité de Proyectos Sociales
ONG FIE es una organización pionera en Bolivia que ha demostrado un compromiso inquebrantable con el empoderamiento de jóvenes, diversidades y mujeres. Desde su fundación en 1985, hemos trabajado incansablemente para promover la inclusión financiera y social, especialmente en sectores vulnerables.
En los últimos años, esta institución ha organizado su trabajo e intervención focalizando sus iniciativas y proyectos en los siguientes Objetivos de Desarrollo Sostenible:
1. Fin de la pobreza; 5. Igualdad de género; 10. Reducción de las desigualdades; 16. Paz, justicia e instituciones sólidas; 17. Alianzas para lograr los objetivos.
En función a dichos ámbitos de acción, nos plateamos tres enfoques de orientación estratégica para el desarrollo de los objetivos institucionales: Enfoque de Desarrollo Humano, Enfoque de Derechos y Enfoque de Género en Desarrollo.
Siempre buscando generar un impacto positivo en la comunidad, permitiendo su involucramiento de manera activa para asegurar que todas las intervenciones sean efectivas.
Así, se llevan a cabo distintas actividades destinadas al logro de los resultados planificados. Entre algunos de ellos podemos mencionar:
El empoderamiento de las mujeres:
- A través de la educación financiera y la formación en habilidades blandas, brindamos oportunidades para que las mujeres puedan acceder a servicios financieros y desarrollar habilidades para gestionar sus propios negocios.
- El apoyo a jóvenes: Enfocado en el desarrollo de habilidades y capacidades a través de programas de capacitación y educación. Los talleres impartidos en el marco de la iniciativa “Mujeres, Jóvenes y Adolescentes Acelerando la Ruta 20-30 Post COVID-19” son un ejemplo de esto, donde más de 120 mujeres y jóvenes se beneficiaron de capacitaciones en habilidades digitales, planes de negocio y banca digital.
- La promoción de la igualdad de género: Promovemos la lucha por la igualdad de derechos entre todas las personas y el ejercicio de una ciudadanía plena, siempre valorando la diversidad.
El impacto y el legado de ONG FIE en la sociedad boliviana es significativo.
Durante cuatro décadas hemos contribuido a la inclusión financiera de miles de personas, en especial mujeres y jóvenes, y hemos promovido la igualdad de género y el empoderamiento económico.
Nuestro compromiso con la responsabilidad social y la sostenibilidad continúa siendo una referencia para otras organizaciones del país.
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Hernán Terrazas E.
Utilizo deliberadamente el nombre de una de las secciones de la antigua revista Vanidades “Ellas en primer plano”, en la que se hacía referencia a mujeres del medio artístico internacional, sobre todo a empresarias de rubros como el de la moda u otras áreas, como una forma de demostrar que “ellas” no eran solo “vanidad”.
Mi madre, que nació en 1924, que era una buena lectora y una apasionada del cine, no dejaba de comprar nunca esa revista y, por ende, todos sus hijos disfrutamos también de esa hemeroteca y nos mantuvimos bien informados sobre el mundo del cine y el de la vida, milagros y dramas de sus principales estrellas.
El título viene a cuento esta vez, porque unos 60 años después, hablar del tema tiene necesariamente otras connotaciones. El rol de la mujer en la sociedad es diferente. Ellas están en un nuevo primer plano, que obviamente va mucho más allá que el de los temas que llenaban la edición de una evista como Vanidades. Dicho esto, paso a lo central.
Me encargaron preparar una nota sobre democracia y género, y lo primero que se me vino a la cabeza fue que en las elecciones pasadas no hubo mujeres postulando a la presidencia o vicepresidencia del Estado. Es más, los binomios de las candidaturas más importantes o de las que al final ocuparon los primeros lugares, estaban conformados solo por hombres. Esa es solo una referencia, aunque por supuesto que no la única.
¿No hay mujeres en la política? Por supuesto que sí y no solo ahora, sino en todo el proceso que llevó de la resistencia a la dictadura hasta el establecimiento de la democracia en 1982.
En 43 años, desde 1982, hubo dos presidentas, Lidia Gueiler y Jeanine Áñez. La primera dejó el cargo por un golpe de Estado y la segunda tuvo que enfrentar el año crítico de la pandemia del COVID-19.
Ambas gobernaron ocho meses (Gueiler) y poco menos de un año (Áñez). Ninguna llegó con el voto popular, pero ambas ejercieron el cargo constitucionalmente.
Mencionar otros casos, de mujeres que aportaron a la democracia, sería largo y posiblemente injusto, porque la mención de algunos nombres implicaría necesariamente olvidar otros. Bastará con decir que el rol de la mujer en toda esta historia fue tan importante o más que el de los hombres, pero tal vez no reconocido del todo.
La pregunta más precisa, tal vez, es por qué no hay partidos u organizaciones políticas encabezados por mujeres, lo que llevaría posiblemente a que en la definición de las candidaturas se actúe de manera más equilibrada o a que, de plano, sean ellas las que tengan más peso y protagonismo que ellos.
En los sindicatos, salvo excepciones –Bartolinas–, la situación es similar. La mayoría de los movimientos sociales que acompañaron a los gobiernos del MAS estaban dirigidos por hombres y en las organizaciones sobrevivientes al desastre del masismo tampoco se tiene un liderazgo femenino.
Hay mujeres mineras, pero no dirigentes. Hay mujeres gremiales, tal vez más que hombres, pero pocas conducen los gremios departamentales o nacionales. Hay mujeres campesinas, pero ninguna en roles dirigenciales. Y así, sucesivamente.
Tal vez me equivoque. No soy un conocedor profundo del tema, pero como cualquier persona medianamente informada, me doy cuenta de que, en materia de participación, realmente no hubo igualdad de género y que, en las recientes elecciones, pese a la demanda mayoritaria de cambio, a los partidos existentes o alianzas no se les ocurrió pensar que una manifestación de ese cambio podía ser la candidatura femenina pese a que, como ya dije, sí había mujeres capaces, con liderazgo y trayectoria para ocupar esas funciones.
La tarea todavía está en proceso. No es solo un cambio normativo.
La paridad es insuficiente, si no hay un cambio cultural y de comportamientos.
Por lo pronto, desgraciadamente vivimos tiempos de retroceso. Hay gente a la que le incomoda que las mujeres tengan hoy más peso y protagonismo en las decisiones, hombres –pero mujeres también– que preferirían volver a los viejos tiempos, cuando a “ellas” les era reservado un plano más marginal y, así se quería ver, “inofensivo”. Se vienen nuevas batallas.
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Julio Ascarrunz / Fundación CONSTRUIR
Las mujeres y las juventudes tienen un papel central en la democracia boliviana desde hace varios años atrás, y en las Elecciones Generales 2025 no fue diferente.
En este proceso electoral, las mujeres significaron el 51% del padrón electoral, mientas que las juventudes (hasta los 30 años) representaron un tercio de todos los votantes registrados y habilitados en el territorio nacional.
Es más, los resultados de los comicios derivaron en la confirmación histórica de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) que, por primera vez, tiene una composición mayoritaria de mujeres tanto en la Cámara de Diputados (51%), como en la de Senadores (58%). De igual forma, en esta legislatura se eligió a una de las asambleístas más jóvenes de la historia, con 18 años de edad.
Sin embargo, el involucramiento ciudadano en un proceso electoral no se limita a emitir un voto o a asumir una candidatura ligada a una organización política. En línea con los nuevos paradigmas participativos, de los cuales Bolivia no solamente es parte sino que se considera referente, la democracia no se reduce al voto
Efectivamente no se puede pensar una democracia sin elecciones, pero, al mismo tiempo, es más que solamente eso.
En este sentido, la pregunta central es: ¿Cómo se puede incentivar a la participación de la ciudadanía en procesos electorales más allá del voto, pero de manera independiente y apartidaria? En otras palabras, ¿qué mecanismos existen para que la población se involucre más en una elección sin que ello sea con alguna de las fuerzas políticas que compiten o con el organismo electoral que la organiza?
Si bien existen una variedad de iniciativas desde las organizaciones de la sociedad civil, para promover esta participación, desde la Red Observa BOLIVIA hemos apostado por la observación electoral ciudadana. La observación electoral nacional tiene una finalidad doble. Por una parte, como toda misión de observación electoral, contribuye a la transparencia del proceso y permite identificar espacios para mejoras futuras.
El valor agregado de la observación electoral doméstica es que permite, a quienes participan, ejercer la ciudadanía más allá de la emisión del voto y sin involucrarse con ninguna de las organizaciones políticas.
Dentro de la Misión de Observación Electoral Ciudadana de la Red Observa BOLIVIA (MOEC-OB) para las Elecciones Generales 2025, las mujeres y las juventudes también fueron las principales protagonistas.
Las observadoras de la jornada de votación, vieron que las mujeres representaron el 61,5% de una misión que, entre la primera y la segunda vuelta electoral, movilizó a 1.550 personas voluntarias en todo el país. Los equipos departamentales también estuvieron comandados principalmente por mujeres.
Es más, toda la MOEC-OB estuvo comandada por una jefatura compuesta de tres mujeres: Susana Saavedra, jefa de Misión; Mónica Bayá, subjefa de Misión; y Tania Sánchez, vocal.
De la misma forma, las juventudes fueron centrales en la misión, así como lo son para la democracia. Las personas entre 18 y 28 años representaron el 59% de las y los observadores electorales ciudadanos para la jornada de votación. Asimismo, las personas entre 29 y 35 años fueron el 16%. En total, de las 1.550 personas voluntarias movilizadas en todo el país para las votaciones del 17 de agosto y del 19 de octubre 1.163 tuvieron menos de 35 años. Es más, los equipos de monitoreo de medios y varios especialistas del equipo central de la misión, incluida la coordinación general, recayeron en ciudadanas y cuidadanos menores de 35 años.
Con todo, así como con la democracia boliviana, las mujeres y las juventudes fueron imprescindibles para la MOECOB; la más amplia y con mayor alcance territorial que tuvo el proceso electoral recientemente vivido.
Una vez más, mujeres y jóvenes demostraron que, cuando más se necesita de la participación ciudadana democrática, son ellas y ellos quienes asumen el reto.
Queda pendiente que la democracia boliviana les retribuya y reconozca su rol de liderazgo, y no solo de acompañamiento en la formación de una democracia paritaria, inclusiva, plural y fortalecida.
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Favio Schuett / Abogado y Responsable de Derechos Humanos e Incidencia Política en ADESPROC Libertad.
En las últimas décadas, Bolivia ha alcanzado importantes avances en el reconocimiento formal de los derechos de poblaciones diversas. El país cuenta con un amplio catálogo normativo que prohíbe la discriminación por diferentes categorías, entre ellas la orientación sexual y la identidad de género. Estos logros son el resultado de años de incidencia de organizaciones y activistas, así como de una narrativa estatal que incorporó la noción de diversidad como valor fundamental después de una historia marcada por el racismo y la discriminación. Sin embargo, este reconocimiento se ha estancado como uno declarativo sin permear de forma práctica en todos los espacios donde debería hacerlo, como la educación, la salud y el empleo.
Esta distancia entre la norma y la práctica cotidiana se expresa también en distintas formas que deslegitiman o cuestionan la diversidad humana, como la invasión a la privacidad o el escrutinio sobre el proyecto de vida ajeno, lo que implica una intromisión en la libertad individual. En particular, la orientación sexual, la expresión y la identidad de género continúan siendo tratadas como asuntos públicos, sometidas al juicio social, cuando en realidad pertenecen al ámbito más íntimo de la autonomía personal.
Parte del problema también radica en la forma en que se concibe a las personas con diversa orientación sexual, identidad o expresión de género, ya que con frecuencia se las reduce a un grupo social aislado, minoría, colectivo o agrupación, separándolas del resto de la sociedad. Esta visión impide comprender que las personas diversas están presentes en diferentes poblaciones, existiendo personas diversas jóvenes, adultas mayores, empresarias, asalariadas, con discapacidad, indígenas, entre otras.
Entender esto implica superar la sectorización y reconocer que la diversidad no es una excepción ni una moda, sino un aspecto estructural de la sociedad boliviana.
A estas dificultades se suma la actitud omisiva de algunos actores políticos e institucionales, que han reducido su compromiso con las agendas de derechos humanos de poblaciones diversas al considerar que el apoyo a estas temáticas ha perdido rédito político, desconociendo que los derechos no dependen de coyunturas ni simpatías, sino que constituyen obligaciones permanentes del Estado.
Este retroceso en el compromiso político se ha visto influenciado por discursos que apelan a la idea de una supuesta “ideología de género”, una noción sin sustento científico, jurídico ni teórico sólido, utilizada para generar confusión y temor social.
En contraposición, el reconocimiento de la diversidad humana sí cuenta con amplio respaldo de instituciones y organismos serios, tanto nacionales como internacionales. Estos discursos detractores han distorsionado las demandas legítimas y debilitado los avances hacia una comprensión social más humana y justa de la diversidad.
El reto, entonces, continúa siendo la aplicación sostenida de un enfoque de diversidad en todos los espacios públicos y privados, mediante reglamentos, políticas, programas y normas específicas. Solo así será posible avanzar hacia una igualdad real en una estructura social que no responde a la diversidad y que la expone a una situación de vulnerabilidad.
Estas medidas no deben interpretarse como privilegios, sino como acciones necesarias para equilibrar desigualdades y reparar exclusiones históricas, tomando en cuenta que la igualdad no consiste en negar las diferencias ni en uniformar las realidades, sino en reconocer los desequilibrios y atenderlos con medidas específicas que permitan alcanzar la dignidad. Solo entonces podrá hablarse de una sociedad verdaderamente justa.
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Alvaro Medrano / Técnico de Proyectos Sociales
En Bolivia, las crisis económicas y sociales han sido terreno fértil para la innovación. Lejos de paralizarnos, la adversidad ha impulsado a mujeres y jóvenes a crear soluciones que transforman sus vidas y comunidades. Aunque muchos de estos negocios no llegaron a escalar, sí lograron generar ingresos e introducir productos y servicios valiosos. La diferencia entre los emprendimientos que solo resuelven emergencias y aquellos que crecen está en la visión, las decisiones y los hábitos de quienes los impulsan. Estas nueve claves pueden ayudarte a fortalecer tu negocio y llevarlo a una etapa de crecimiento.
1. Detecta nuevas necesidades en tu entorno
Las crisis cambian prioridades y generan problemas urgentes. Durante la pandemia surgieron emprendimientos de barbijos, alcohol en gel o entrega a domicilio en bicicleta. Todo esto nació de observar necesidades inmediatas. Conversa con tu comunidad, escucha a tus clientes e identifica qué puedes resolver.
2. Adáptate con creatividad y flexibilidad
Uno de los errores más comunes es no ajustar el negocio a los cambios del entorno.
Innovar no solo significa crear productos nuevos, sino mejorar procesos, formas de venta y canales de comunicación.
Aprende herramientas de innovación que te permitan actualizar tu negocio de manera constante.
3. Haz más con menos: aprovecha lo gratuito
En contextos de crisis, optimizar recursos es fundamental. Usa redes sociales para promocionar, aplicaciones gratuitas para diseño o gestión, y participa en grupos comunitarios donde puedas ofrecer tus productos. Muchas ONG, fundaciones y municipios también brindan capacitaciones y herramientas sin costo.
4. Cuida tus finanzas con disciplina
Separar tus finanzas personales de las del negocio es básico. Lleva registros simples, controla tus costos y ajusta precios cuando sea necesario. Planifica a corto plazo para reducir riesgos e invierte en insumos duraderos o equipos que aumenten tu productividad.
5. Conéctate con redes de apoyo
Sumarte a comunidades de emprendedores abre puertas: Convocatorias, capacitaciones, intercambios y oportunidades de colaboración. En tiempos difíciles, la articulación multiplica resultados.
6. Invierte tu tiempo en formación continua
La falta de competencias limita la sostenibilidad de cualquier negocio. Define qué habilidad necesitas fortalecer y aprende con videos, talleres, cursos o seminarios web. Evalúa lo aprendido aplicándolo de inmediato.
7. Incorpora innovación social
Los negocios que generan ingresos y, además, aportan soluciones a problemas de la comunidad, son más resilientes y mejor valorados. Piensa cómo tu emprendimiento puede contribuir a causas sociales o ambientales.
8. Aprovecha la digitalización
Hoy, un negocio sin presencia digital pierde acceso a grandes segmentos de clientes. Usa redes sociales, plataformas de venta, herramientas de comunicación y medios de pago digitales.
El mundo digital es una feria que nunca cierra.
9. Mide tus resultados y aprende de ellos
Registra tus procesos, ventas, inventarios y acciones comerciales. Define indicadores simples —como ingresos mensuales, clientes atendidos o valor del inventario— y revísalos periódicamente. Esta información te permitirá tomar mejores decisiones y anticipar dificultades.
Emprender en tiempos de crisis es un acto de valentía y visión. Implica construir resiliencia, generar oportunidades y aportar soluciones reales. Detectar necesidades, innovar, formarse, planificar y medir resultados fortalece tanto al negocio como al tejido social que lo sostiene. Con constancia y disciplina, los emprendimientos de emergencia pueden convertirse en proyectos sostenibles y con futuro. Así, las y los emprendedores bolivianos demuestran que incluso en la adversidad es posible transformar realidades y abrir caminos hacia un desarrollo más inclusivo.
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Cecilia Cejas / Analista de Proyectos Sociales
En las Olimpiadas de Educación Financiera 2025, realizadas en colegios de La Paz y El Alto, trabajamos con la idea de que los cambios en la sociedad empiezan con la educación y formación desde la niñez y juventud. Por eso, enseñar a las y los jóvenes lo básico de la educación financiera, como a manejar el dinero, es clave para que puedan tomar decisiones con mayor conciencia sobre sus finanzas.
Al comienzo, las y los estudiantes tenían bajo o ningún conocimiento sobre educación financiera básica y pensaban que al usar el término “Olimpiadas” se relacionaba a la idea de estudiar bastante. En este contexto, se planteó el objetivo del programa, darles herramientas simples para que puedan decidir bien cómo usar su dinero.
Durante el trabajo realizado en las unidades educativas, observamos que las prioridades y metas de los estudiantes varían según el contexto en el que viven. Por ejemplo, en el centro de La Paz muchos jóvenes manifestaron que su principal deseo era adquirir un celular, mientras que en las laderas la meta más frecuente era contar con una bicicleta.
De esta forma, identificamos que el tiempo necesario para alcanzar estas metas también difiere entre zonas: en el centro, algunos objetivos pueden cumplirse en pocos meses, mientras que en las laderas pueden requerir incluso años. Esto se debe a que no todos los estudiantes reciben los mismos niveles de apoyo económico por parte de sus familias.
Para que los estudiantes puedan aprender mejor, combinamos teoría y práctica usando ejemplos reales, historias, dinámicas grupales y materiales visuales.
Uno de los juegos que más impacto tiene al momento de practicar lo aprendido es el juego “Club del Ahorro”. En esta actividad, los estudiantes reciben un sueldo ficticio, organizan sus gastos y avanzan por un tablero que incluye casillas de gastos necesarios como alquiler, luz o agua, además de tarjetas que les permiten decidir si gastar o no en ciertos deseos. Al final, gana el equipo que administra mejor el dinero.
Los cambios observados fueron significativos: los jóvenes aprendieron a pagar pequeñas deudas, valorar el esfuerzo económico de sus familias para cubrir los gastos del hogar y cumplir algunos de sus deseos.
Además aprendieron que, para cumplir sus metas o deseos, es necesario elaborar un plan de ahorro, lo cual les llevó a planificar metas personales de manera realista y entender que sí pueden lograr lo que quieren, pero que requiere disciplina y constancia.
Un ejemplo claro fue el de una estudiante que deseaba independizarse; al calcular sus ingresos y los costos reales, comprendió que no sería fácil llegar a esa meta debido a sus recursos limitados. Sin embargo, entendió que podía empezar con objetivos más pequeños, como comprar una cama individual, ya que actualmente compartía una con su hermana. De acuerdo con su plan de ahorro, podría alcanzar esta meta en seis meses.
Buscamos acompañar a los jóvenes en la construcción de decisiones financieras más informadas, fomentando hábitos de ahorro y planificación.
La educación financiera que les enseñamos es una base fundamental para el inicio de su formación en este ámbito. Ofrecemos herramientas que les permiten tomar decisiones más conscientes y racionales sobre el dinero. Además de aprender a manejar correctamente sus finanzas, los estudiantes valoran lo que poseen y reconocen el esfuerzo que realizan sus familias para cubrir todos los gastos del hogar. Nuestro propósito es que logren organizar sus recursos, eviten deudas innecesarias, trabajen para alcanzar sus metas mediante un plan estructurado y desarrollen el hábito del ahorro como una práctica constante en su vida.
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Agustina Terrazas / Analista de Comunicación
El Fondo Concursable de la ONG FIE es mucho más que un apoyo económico: es un espacio donde las voces que suelen quedar al margen encuentran un lugar para ser escuchadas.
A través de estas investigaciones, buscamos construir conocimiento que toque a la sociedad, que la despierte y que nos recuerde que la igualdad no es solo un ideal, sino un camino que se construye día a día.
El trabajo de investigación no solo se hace para dejarlo escrito sobre papel, sino para abrir un espacio colectivo de escucha activa, donde las personas que viven estas realidades pueden hablarle directamente a la sociedad. Desde sus historias, sus luchas y sus experiencias, nos ayudan a comprender las injusticias que enfrentan y a unir fuerzas para transformarlas. Gracias al Fondo Concursable, este proceso se convierte en un círculo de diálogo que nunca termina, un espacio que crece con cada voz y que nos invita a cuestionar sin miedo las estructuras que afectan la vida de quienes han sido históricamente vulnerados.
Cada conversación nos acerca un paso más a la sociedad que queremos construir.
Los estudios financiados buscan, justamente, abrir ese diálogo que incomoda, que mueve, que nos impulsa a mirar de frente las estructuras sociales, culturales y económicas que perpetúan la desigualdad. No se trata solo de analizar la realidad, sino de proponer caminos posibles y de recordarnos que el cambio empieza por entender y escuchar.
Los temas que abordamos revelan dimensiones profundas de la vida cotidiana: la violencia lingüística, que muestra cómo el lenguaje puede herir o limitar; la violencia digital, que expone los vacíos que dejan desprotegidas a tantas mujeres en los espacios virtuales; o la discriminación salarial, que sigue impidiendo que muchas lleguen a puestos donde sus decisiones puedan transformar instituciones y comunidades.
También acompañamos investigaciones que buscan reparar y sanar, como las de justicia restaurativa, y aquellas que invitan a repensar la forma en que las organizaciones trabajan y conviven, apostando por prácticas más equitativas. Del mismo modo, impulsamos estudios que exploran la inclusión financiera y el empoderamiento económico, demostrando cómo el acceso a recursos y a educación financiera puede abrir caminos de autonomía y romper ciclos de violencia.
Cada investigación que impulsa este fondo es un recordatorio de que la transformación social nace de la escucha, del diálogo y del valor de mirar de cerca aquello que duele.
Su impacto va más allá de lo académico: se convierte en una invitación a reflexionar, a actuar y a construir, entre todas y todos, un cambio real.
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Altoteatro
Así nos habló Liber Forti, amigo de Freddy Chipana, director de Altoteatro. Y así lo hicimos.
Después de tantos años, hemos recorrido gran parte de Bolivia: lugares no convencionales, públicos diversos, talleres, funciones, encuentros. Cada trabajo nace de una necesidad humana: de ser responsables con la vida, con el otro, con la libertad, con el lugar que habitamos.
No buscamos hacer trabajo social, buscamos crear espacios para soñar, para sentir. Nuestro espacio es artístico y humano. Nos apasiona el teatro y todas las artes, porque en el fondo siempre te rescatan de los infiernos y te hacen más sensible. El arte humaniza y sensibiliza —y hoy, eso es justamente lo que más nos falta—.
Cuando damos talleres, no queremos que quienes participan se conviertan en artistas. Nuestro deseo es que puedan mirar la vida con más humanidad, que sean más sensibles, más honestos, más responsables, más empáticos. Que sean mejores personas para sus familias, para sus amigos, pero sobre todo para sí mismos.
Y que, cuando elijan un oficio o un camino, lo hagan con amor, con conciencia, y con el valor de defender sus sueños.
A veces se nos acercan padres, madres o maestros para contarnos de un hijo, una hija, un estudiante “con talento”: que declama bien, que no es tímido, que nació para el teatro. Nos parece bien, pero lo que más nos importa no es el talento, sino el trabajo.
Nos interesa que tengan algo que decir, que sean responsables, que se conozcan, que reconozcan sus fragilidades, porque nosotros también las tenemos y, como ellos, estamos en constante reconstrucción.
Cada taller es un aprendizaje, un espejo donde vemos las luchas del otro y entendemos que todavía estamos vivos.
Nuestro trabajo es urgente, humano y responsable. Hemos hablado sobre la locura y el amor, la migración y la ausencia, el poder y sus deformaciones, la niñez y el olvido, la rabia y la esperanza, la educación, el trabajo, la felicidad. Hemos montado obras sobre la violencia intrafamiliar, el VIH/SIDA, la trata y tráfico de personas, la migración boliviana, el alcoholismo, las minas, las mujeres… temas necesarios y profundos.
Altoteatro ha trabajado en todo el país, en tierras altas y tierras bajas, en colegios, cárceles, minas, comunidades, en espacios alternativos y no convencionales. Damos talleres artísticos y pedagógicos desde el arte, organizamos encuentros, festivales
Hacemos, sencillamente, movimiento artístico humano.
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Agustina Terrazas / Analista de Comunicación
Entrar al voluntariado de la ONG FIE es, para muchas de sus integrantes, una decisión que nace del deseo de aportar y al mismo tiempo de aprender. Ana se sumó porque quería “contribuir y ayudar a quienes más lo necesitan, aplicando mis conocimientos y aprendiendo otros nuevos”. Para Carol, la motivación fue la curiosidad: conocer las comunidades con las que trabaja la ONG y los proyectos en los que participan. Andrea encontró una conexión directa entre su búsqueda personal y la visión de la organización, mientras que Adriana destacó el enfoque en el empoderamiento de las mujeres como un motivo para sumarse.
La primera experiencia suele venir cargada de emociones: nervios, gratitud y sorpresa. Ana recuerda la mezcla de sentimientos de su primer día, entre emoción y agradecimiento por haber sido recibida. Carol valora la confianza que les dieron al permitirles conducir talleres y la oportunidad de impactar positivamente en la vida de otras personas. Andrea se sorprendió al ver que las actividades llegaban a lugares alejados y que realmente interesaban a los estudiantes.
Lo que más queda grabado son los momentos de conexión con adolescentes y jóvenes: ver cómo aprenden, cooperan, resuelven problemas y muestran resiliencia.
Adriana destaca la capacidad de aprendizaje rápido de los estudiantes y cómo sus prioridades varían según su contexto. Carol se emocionó al ver a los grupos organizarse y trabajar en equipo, mientras Andrea se impresionó con la resiliencia de los jóvenes, que siempre buscan soluciones sin frustrarse.
El voluntariado combina teoría y práctica de manera única. Antes de salir a terreno, las y los voluntarios reciben capacitación en la plataforma Moodle sobre educación financiera y habilidades blandas, además de materiales adaptados a distintos contextos. Carol resalta que esto permite “formarnos para luego formar a otros , mientras Ana valora el acompañamiento y las herramienta.
Por supuesto, también hay desafíos: gestionar el tiempo, coordinarse con otras y otros voluntarios y enfrentar la logística de las jornadas. Ana recuerda la dificultad de organizar su tiempo para pasar los cursos virtuales; Carol destaca la paciencia para integrar a quienes se suman tarde; Adriana reconoce los retos logísticos durante las Olimpiadas de Educación Financiera, que lograron superar trabajando en equipo.
Si tuvieran que describir el voluntariado en una palabra, las voluntarias coinciden en reflejar su impacto personal y colectivo: Ana dice transformación, Carol aprendizaje, Andrea y Daniela compromiso, Adriana multiplicador, Indira desarrollo y Lizeth empatía. Todas esas palabras muestran que este voluntariado es, a la vez, una escuela y una plataforma para impactar vidas.
Lo que hace único al voluntariado de la ONG FIE es la combinación de formación, práctica y enfoque en la población.
Daniela lo resume así: “A través del voluntariado podemos cambiar la vida de los demás por el conocimiento que compartimos”. Y ese cambio no solo beneficia a quienes reciben la formación: también transforma a quienes la entregan. Es un círculo que se multiplica: aprendizajes que llegan a hogares, actitudes que se contagian y personas que, a su vez, se forman y se comprometen. En pocas palabras, es un espacio de aprendizaje, compromiso y transformación, donde cada experiencia suma y cada acción deja una huella.
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María del Carmen Ostria / Coordinadora de Proyectos Sociales
El concurso realizado bajo la modalidad Moot Court (o tribunal simulado) es una competencia académica que reproduce un procedimiento judicial ante una corte, generalmente de carácter internacional o constitucional. A diferencia de un debate, el Moot Court busca representar con fidelidad las etapas de un litigio, donde las y los estudiantes de Derecho asumen el rol de abogados —ya sea de la defensa o el Estado— y deben elaborar argumentos escritos (memoriales) y defenderlos oralmente ante un panel de jueces.
El objetivo principal de esta modalidad de concurso es fortalecer las destrezas del litigio, argumentación e investigación legal de las y los futuros profesionales de Derecho, preparándolos para la práctica real en el ámbito del derecho internacional.
Permite profundizar la comprensión de los mecanismos de protección de los derechos humanos y cómo se pueden aplicar para garantizar justicia, igualdad y dignidad.
Este tipo de competencia, más allá del aprendizaje técnico, se convierte en un espacio de reflexión sobre la aplicación de la justicia, la ética profesional, la defensa de los derechos fundamentales y la formación de una nueva generación de profesionales comprometidos con los valores del estado de derecho y la protección de las poblaciones más vulnerables.
La realización de un concurso nacional bajo esta modalidad representa un avance significativo en la sensibilización sobre la igualdad de género y la defensa de los derechos humanos.
Los casos abordados, inspirados en el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH), permiten visibilizar las violaciones que aún enfrentan mujeres y niñas.
Para la ONG FIE, organizar este proyecto significa reafirmar nuestro compromiso con la equidad de género, los derechos humanos y el liderazgo juvenil.
La iniciativa no solo crea un espacio académico de excelencia, sino también un escenario de reflexión sobre los desafíos que enfrentan las mujeres y la manera en que la justicia internacional puede convertirse en un instrumento de protección, reparación y empoderamiento.
El Moot Court vincula teoría y práctica: los equipos participantes deben investigar, preparar argumentos, redactar memoriales y defenderlos en audiencias simuladas, acercándose así al funcionamiento real de los tribunales internacionales. Esta experiencia enriquece su formación, fortalece su pensamiento crítico y les dota de sensibilidad hacia la defensa de los derechos humanos y la equidad de género.
El equipo ganador tuvo la oportunidad de representar a Bolivia en la Competencia Interamericana de Derechos Humanos organizada por la American University Washington College of Law, en Washington D.C., Estados Unidos.
Esta competencia internacional es la más grande y prestigiosa del mundo en materia de derechos humanos bajo la modalidad Moot Court del Sistema Interamericano. Cada año reúne a equipos de todo el continente y del mundo, quienes debaten casos inspirados en situaciones reales de vulneración de derechos.
De esta manera, se crea un verdadero puente entre la formación académica local y los escenarios internacionales de justicia, proyectando a jóvenes juristas bolivianos hacia la arena global y asegurando que la próxima generación de abogadas y abogados cuente no solo con conocimiento, sino también con las herramientas prácticas, éticas y humanas necesarias para litigar y defender los derechos humanos.
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